jueves, 18 de septiembre de 2008

¿QUIÉN FUE ANTONIA ARROBAS?

La educación, poderoso elemento de felicidad que no se debería negar a nadie
por
Juana María Macías Medina




Vamos a rescatar, a sacar a la luz, una “página gloriosa de la historia de nuestra escuela”[1], historia que cuenta con el aliciente de que su protagonista es una joven, la alumna Antonia Arrobas y Pérez.



Nuestro relato nos retrotrae al último tercio del siglo XIX, más concretamente en 1871, por lo que previamente creemos necesario esbozar algunas pinceladas sobre el momento histórico en que se desarrollan los acontecimientos, que sin duda nos ayudarán a comprenderlos mejor.

Este siglo fue conflictivo para nuestro país. Se promulgan diversas constituciones, se suceden los cambios de regimenes políticos en función de las diferentes asonadas, revoluciones… Cuando nuestra alumna solicita la validez de sus estudios académicos, reina Amadeo de Saboya tras la revolución de septiembre del 68 promovida por demócratas y progresista. Durante este siglo se produce una lenta transición de la economía agraria a la capitalista –aparecen las primeras fábricas modernas, el ferrocarril revoluciona el transporte y el comercio, se explota la riqueza minera de España, se incrementa la superficie cultivada –, a la vez que cambios en el entorno social –la nobleza pierde sus privilegios, el clero sus propiedades, la burguesía es la que pasará a detentar el poder y los obreros crecen espectacularmente en número–. Todos estos cambios económicos y sociales exigían un nuevo Modelo Femenino.

La mujer como Ángel del Hogar

El papel reservado a la mujer en el XIX es un papel secundario, limitado a la esfera doméstica. La mujer como la perfecta casada, reina del hogar, piadosa, buena madre y buena esposa.

Su instrucción, preferentemente privada, no está dirigida a alterar su función social, busca fundamentalmente alfabetizarla –leer, por lo menos en los Catecismos, y escribir medianamente– y adiestrarla en algunos quehaceres domésticos para el mejor funcionamiento del hogar y la familia. Una educación similar a la de los hombres les acercaría a ejercer actividades remuneradas y por ende a desarrollar la misma independencia económica, siendo ésta la clave para superar la subordinación sufrida.

No se contempla la posibilidad de capacitar a la mujer para ejercer una profesión. Únicamente se les permitía ser maestras –en algunas ocasiones sólo de niñas- y matronas, profesiones que suponían una extensión del papel ejercido por las mujeres en la esfera privada. Ahora bien, es cuando acceden a las fábricas de manos de la revolución industrial cuando su trabajo se hace más visible para la sociedad, aunque lamentablemente, como recompensa a su trabajo, se encuentran que la remuneración que perciben en la mayoría de los casos no llega al cincuenta por ciento que la de los hombres; pero ésta es otra historia.

Exposición de la historia de Antonia Arrobas

Discurre el año 1871 y Antonia Arrobas y Pérez, que ha realizado privadamente estudios de Segunda Enseñanza, desea que se de validez académica a los mismos; pero se encuentra con un problema normativo.

En el Decreto de 21 de octubre de 1868, que es la norma educativa vigente en ese momento, en sus artículos 7º y 8º se utiliza el término alumno –al desarrollar todo lo relativo a la matriculación- entendiendo los legisladores que no incluye a las alumnas. La educación de las mujeres no es una necesidad sentida por la sociedad de la época. Las mujeres que quieren salir de la esfera doméstica y desempeñar otros papeles tienen que reivindicar su derecho a recibir una educación que les abra las puertas a esa nueva realidad.

Para salvar este impedimento legal Antonia Arrobas y Pérez solicita el 15 de marzo de 1871 ante la Dirección General de Instrucción Pública poder realizar en el Instituto de La Provincia de Huelva el examen que le permitirá validar los estudios de Segunda Enseñanza que ha realizado privadamente. La petición queda fundamentada de la siguiente forma:

“Si bien en la actual legislación no se autoriza de manera explicita, a las jóvenes para cursar académicamente ninguna asignatura de la segunda enseñanza, es muy probable que el objeto del legislador no haya sido imposibilitar a la mujer por creerla incapaz de adquirir conocimientos científicos y literarios puesto que las permite dedicarse a maestras y matronas, sino más bien evitar los inconvenientes de reunir en una sola clase jóvenes de ambos sexos o tener que montar doble número de institutos para que estuviesen con la debida separación. Pero esto que se comprende y es natural en la época en que la asistencia a las aulas era obligatoria, carece por completo de razón de ser en la presente en la que solo la sanción del examen basta para dar validez a los estudios privados”[2].

La Dirección del Centro no sólo informa positivamente de la misma sino que pretende llegar mucho más lejos al solicitar una Orden General que permita a las jóvenes probar en los Institutos Públicos los estudios privados y lo argumenta de la forma más poética que conocemos. Esta autorización “ejercería saludable influencia en la sociedad, por cuanto despertaría el deseo de ilustrarse, en la mujer, cuya buena educación es un poderoso elemento de felicidad para las Naciones”[3].

La respuesta de La Dirección General de Instrucción Pública se realiza a través de la orden de 25 de mayo de 1871 que pasamos a reproducir parcialmente: Antonia ejercita el derecho reconocido y una vez superado el examen de ingreso se examina del primer curso de latín y castellano obteniendo la calificación de aprobada.

“teniendo en cuenta que se puede acceder a los deseos de la interesada sin contravenir la legislación vigente..., aún prescindiendo de los ejemplos análogos y en gran medida honrosos que nuestra Universidad de Alcalá y otras nos ofrecen de mujeres graduadas que han sido lumbreras de las ciencias y letras y gloria de su patria, lo que ni por la ley se prohíbe ni repugna al buen sentido debe considerarse lícito, la Dirección General de Instrucción Pública ha acordado que sin dar una disposición general que acaso pudiera chocar en el estado de nuestras costumbres, se haga presente a V. S. para que así lo comunique a la interesada que esta tiene derecho a lo que solicita”[4].

Sin embargo, la Disposición General que hubiera permitido a las jóvenes realizar las pruebas sin necesidad de solicitar autorización previa es rechazada. Afortunadamente sólo habrían de transcurrir unos meses para que el 2 de septiembre de 1.871 mediante una Orden dirigida al Rector de La Universidad de Barcelona se reconozca a otra solicitante la gracia de poder validar los estudios de segunda enseñanza que tiene realizados basándose en el precedente de Antonia Arrobas y se autoriza además la extensión de esta gracia a casos análogos[5]. La Dirección General de Instrucción Pública cambia de opinión y finalmente termina por extender la autorización a todos los casos análogos como la dirección de nuestro centro pretendía.


Para finalizar no podemos dejar de comentar que la mencionada Orden de 2 de septiembre no desaprovecha la oportunidad de recordar que las jóvenes a lo que tienen derecho es a probar en los Institutos Públicos los estudios realizados privadamente, no gozando del derecho a asistir a las aulas cotidianamente ya que la reunión de ambos sexos en un mismo espacio podía alterar el estado de las costumbres.

El momento Presente

No estuvimos desde el principio, el 5 de octubre de 1856, cuando salió de la estación el tren del “Instituto de Provincia de Huelva” las mujeres no pudieron subir. Habrían de pasar quince años, para que en 1.871 Antonia Arrobas pudiera acceder al tren de la educación secundaría pública para dar un pequeño paseo, pues el recorrido completo les estaba vedado a las mujeres que tuvieron que luchar por el derecho a poder recibir Educación Secundaria.

El papel de la mujer en la sociedad actual se ha ampliado, se han derribado muchas barreras y prejuicios, han salido del ámbito doméstico y las leyes les reconocen sin ningún tipo de limitación por razón de género el derecho a recibir instrucción -lamentablemente esta realidad sólo se extiende al mundo desarrollado, en los países en vías de desarrollo el papel que se reserva a las mujeres aún las sitúa en muchos casos lejos de la escuela-.

Hoy son parte vital de la historia del Instituto y del quehacer diario, hombres y mujeres forman un grupo sin divisiones, sin ningún tipo de distinción, estudiando y trabajando codo con codo como debió suceder desde el principio.

Desde que nuestra protagonista comenzó su lucha hasta ahora, las mujeres han progresado tanto en derechos que no podemos dejar de agradecer a las personas que han puesto su granito de arena en esta empresa. Antonia Arrobas no se conformó con el papel de que le tenían asignado en su época, limitado al hogar y luchó, junto con otras que llegaron después, para conseguir una nueva realidad para ellas y por extensión para las que vinieran a continuación.

También es ineludible corresponder al Director D. Horacio Bel y Román y al Vicedirector D. José Gallego de la Paz por recibir a las mujeres con los brazos abiertos, por respaldar la noble aspiración de Antonia Arrobas, “de establecer hasta en la última aldea verdaderas escuelas de niñas; de mejorar la instrucción de estas dándoles, sobre todo, una buena dirección práctica y moral; ... y de instituir desde luego centros en los cuales se facilite á la muger el estudio de la segunda enseñanza y de aplicación... haciendo que el sexo femenino mediante la educación y la instrucción, adquiera el rango intelectual del que es capaz”[6]. Considerando que la educación es “uno de los mas eficaces medios para concluir con la mayor parte de los males que aquejan á la humanidad en nuestros tiempos, es proporcionar a la muger instituciones que levanten su sentido moral y mejoren sus condiciones materiales para la vida”[7]. Esta actitud manifiesta su sensibilidad social, respecto a la necesidad de que las mujeres reciban instrucción, va muy por delante de la demostrada por el legislador Ruiz Zorrilla.

El Futuro: de la mujer invisible a la mujer visible.

Queremos pensar que el objetivo de conseguir una educación igualitaria no tenga marcha atrás, que las ideas de perfectibilidad y de progreso se cumplan y que la situación que hoy vivimos sea peor que la de mañana y que no demos un paso atrás en la consecución de este objetivo ni para coger impulso.

Nos queda camino por recorrer, tenemos aún obstáculos que superar; hemos de eliminar de los libros de texto, de las programaciones, en definitiva de la enseñanza, los estereotipos sociales que hacen que en el momento presente las mujeres sigan siendo invisibles.

En nuestros libros de texto las mujeres siguen desenvolviéndose mayoritariamente en el ámbito doméstico, no se habla nunca de su contribución a la historia y ha habido mujeres muy sobresalientes, algunas que se han escapado de la estrechez de sus vidas disfrazándose de guerreros para participar en las contiendas de su tiempo, otras vieron en el ámbito religioso una forma de ser independiente de la tutela del varón, de aprender a leer y escribir y poder tomar sus propias decisiones, siendo muy valiosa su aportación literaria; otras siendo cortesanas adquiriendo así notable influencia en la vida pública, otras fue al enviudar cuando tuvieron la oportunidad de asumir responsabilidades de mando y es que los guardianes de la cultura oficial y de la memoria pública han sido siempre hombres y pasaron de puntilla ante la participación de las mujeres.

Aunque esta invisibilidad no influye en los niveles de éxito escolar –las estadísticas hablan, las mujeres obtienen mejores resultados académicos en todos los niveles educativos– si influye en la personalidad, en la autoestima y en el futuro profesional.

Se han realizado estudios que concluyen que la variable sexo condiciona más que la variable clase social los intereses profesionales. Así, en el momento presente las mujeres eligen titulaciones de humanidades y las ingenierías son mayoritariamente demandadas por los hombres. Se observa como la formación de los hombres está ligada a estudios más prácticos a la hora de hacer factible la inserción laboral y la formación de las mujeres a estudios con mayores periodos de escolarización y con mayor respeto social, pero con menor demanda de trabajo lo que supone una dificultad añadida a la hora de conseguir un puesto de trabajo y como consecuencia la necesaria independencia económica paso previo de la buscada independencia personal.

Las desigualdades educativas actuales influirán en las desigualdades sociales futuras

Queremos que esta historia nos haga reflexionar sobre la importancia de nuestro papel como docentes en la solución de este problema y que nuestra ilusión venza las más de las veces, los innumerables obstáculos de cada día.


Bibliografía:


CABRERA, L. A.: “Mujer, trabajo y sociedad” (en línea) Fundaciones BBVA y Largo Caballero http://www.ugt.es/fflc/actividades/libromujertrasoc/notaprensa.pdf (29 de enero de 2006).
COLMENARES, S.: “La Mujer y la sociedad en el siglo XIX, ¿figura o miembro?” (en línea) Investigaciones GiraEnLaRed http://www.giraenlared.com/invest7.htm (3 de febrero de 2006).FLECHA GARCÍA, C.: “Las primeras alumnas del Instituto de Segunda Enseñanza de Sevilla” recogido en: IB San Isidoro. Estudios y Recuerdos del Sesquicentenario de su creación. (1845-1995). Sevilla: IB San Isidoro, 1995, pp. 193-204.
MONTERO, R.: Historia de mujeres. Madrid, Santillana Ediciones Generales, 2006.
POZO RUIZ, A.: “Mujer y educación en el siglo XIX. Mujeres Universitarias” (en línea). Alma mater hispalense http://www.personal.us.es/alporu/historia/mujer_educacion.htm (25 de enero de 2006).
VILLAFUERTE RODRÍGUEZ, L.: “Educación: la mujer presente, la mujer ausente” (en línea). Secretaría de la mujer de Ustea http://www.stes.es/mujer/92001.pdf (10 de febrero de 2006).
Expediente de la alumna: Arrobas y Pérez, Antonia. Instituto de Provincia de 2ª Enseñanza de Huelva. Letra A, número 25. Año 1871.

Memoria del Instituto de Provincia de 2ª Enseñanza de Huelva (en el acto de inauguración). 1871 a 1872. Huelva: Imp. De la Viuda de Gálvez e Hijos, Monjas, 11, 1872.

[1] Memoria del Instituto de Provincia de 2ª Enseñanza de Huelva (en el acto de inauguración). 1871 a 1872. Huelva: Imp. De la Viuda de Gálvez e Hijos, Monjas, 11, 1872, pp. 12. En dicha Memoria se pone de manifiesto que el Equipo directivo es consciente de la importancia del suceso que nos ocupa, hasta el punto de calificarlo como “página gloriosa de la historia de nuestra escuela”.
[2] Expediente de la alumna: Arrobas y Pérez, Antonia. Instancia de solicitud. Instituto de Provincia de 2ª Enseñanza de Huelva. Letra A, número 25. Año 1871.
[3] Expediente de la alumna: Arrobas y Pérez, Antonia. Op. cit.
[4] Flecha García, C.: “Las primeras alumnas del Instituto de Segunda Enseñanza de Sevilla recogido” en: IB San Isidoro. Estudios y Recuerdos del Sesquicentenario de su creación. (1845-1995). Sevilla: IB San Isidoro, 1995, pp.195.
[5] Flecha García, C.:”Las primeras alumnas del Instituto de Segunda Enseñanza de Sevilla”, op. cit., pp. 195.

[6] Memoria del Instituto de Provincia de 2ª Enseñanza de Huelva, op. cit., pp. 14.
[7] Memoria del Instituto de Provincia de 2ª Enseñanza de Huelva, op. cit., pp.13.

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